martes, 3 de junio de 2014

El 99,9% de la población está a favor de la crianza con apego


Si te pregunto si estás de acuerdo con esta afirmación: “trata a los demás como te gustaría a tí que te tratasen”, seguro que respondes que sí. Y seguro que convienes conmigo que este concepto es una de la bases de la educación y un valor importante para la convivencia entre personas. Podríamos decir incluso que se trata de un axioma, una afirmación incuestionable para cualquiera que quiera educar a sus hijos en el respeto a los demás.

Por ello, estoy segura de que también dirás que sí a las siguientes afirmaciones:
  • Si estás triste y lloras ¿quieres ser consolado?
  • Si estás enfadado ¿quieres comprensión y besos?
  • Si existe un alimento recomendado por la máxima autoridad sanitaria del mundo, que aporta todos los nutrientes que necesitas y, además, te aporta satisfacción emocional, ¿lo querrías para ti?
  • Si algo te atemoriza por la noche ¿te gustaría abrazar a la persona que más quieres?
  • Si tuvieras carencias en tus capacidades de comunicación ¿querrías estar permanentemente atendido?
  • Si te sientes indefenso ¿querrías estar protegido en los brazos de alguien a quien quieres?
  • Si tienes hambre ¿querrías comer, independientemente de si toca o no?
Ergo… estás a favor de la crianza con apego. ¡Lo sabía! 

Porque si todo esto lo quieres para ti, también lo quieres para tus hijos y ésto son los principios básicos de la crianza con apego
¡Demostrado! mi teoría es infalible como el Papa… ahora solo queda que sea inviolable, como el Rey (Felipe VI, claro)

jueves, 29 de mayo de 2014

¿Machista yo? tu-ru-rú




Será porque me acerco a los 40 -y como he oído decir a mis amigas Ileana Medina y Mama sin complejos - las mujeres estamos más seguras y esplendorosas que nunca, pero me siendo en paz conmigo misma, con la forma en la que vivo y como crio a mis niños.

Parece que en los últimos días se ha reavivado la polémica sobre la crianza con apego y su relación con el machismo, se comenta que es una moda y que “el capital” arrastras a las madres a dejar de trabajar para convertirnos en madres cocinitas que hacemos cupcakes y porteamos a nuestros hijos. 

Yo me pregunto si una simple moda puede llevar a las familias a decidir la forma de criar a sus hijos,  que en mi opinión, como en la política, es algo que se decide con las entrañas. Uno no es de derechas o de izquierdas según una moda, uno tiene convicciones adquiridas con la cuna, la educación y la experiencia personal que te hacen sentir cuál es tu ideología… la elección del partido ya es otra cosa, pero tu esencia ideológica no se cambia con las modas.

Esto mismo pienso sobre la crianza y la educación de tus hijos. Tu idiosincrasia, tu personalidad, tu temperamento, tu manera de vivir la vida, e incluso tus miedos e inseguridades, marcan la forma en la que criarás a tus hijos, casi podría decir que no es una elección personal, sino que está predeterminada por tu bagaje personal. (Por cierto, me doy cuenta de que es un pensamiento muy Gutman, la verdad). 

Yo nunca seré una madre perfecta, entendiendo como perfecta, esa madre que planifica los menús de sus hijos, con dietas equilibradas altas en verduras y frutas, con horarios establecidos, horas de sueño programadas y rutinas rigurosas. Mi familia y yo somos más del caos, de la improvisación, porque así vivimos y así somos y, aunque es algo de lo que no me siento especialmente orgullosa, me siento en paz, asumo que así es mi vida y así soy yo… y ¿sabéis lo mejor? Soy feliz, sin remordimientos.

Frente al párrafo anterior que venga quien sea a decirme que mi forma de crianza, que entiendo que se adscribe a la crianza con apego, es machista o es una moda. Lo siento, pero en un alarde de soberbia, afirmo que me da exactamente igual, que esta soy yo y esta es mi manera de vivir. 

Y no sé con qué madres se relacionan las personas que piensan que el apego es una moda machista pero, desde luego, las mejores madres que conozco, las mujeres más poderosas, fuertes y divinas que conozco practican el apego (algunas, incluso, sin saber el nombre de la crianza que practican) y no son precisamente mujeres sumisas y abnegadas. 

Desde que leí este artículo, que me ha hecho reflexionar y sacar este blog de su estado catatónico - lo que agradezco al autor– me viene a la mente esas madres empoderadas gritando su poderío a la cara de cualquier que venga a decirles que somos machistas. 

Como se dice entre “machos”, esto a la cara no me lo dices…  con todo mi cariño, ¿eh?

miércoles, 28 de mayo de 2014

Antídoto contra el miedo: El médico de mi hij@

Desde que soy madre puede que no haya leído más de 5 ó 6 libros y todos ellos tratan sobre maternidad y crianza. Para mi es una mala media, porque he sido de leer mucho, pero hay que conciliar, y con esto también :-)

Hace unas semanas cayó en mi manos el libro de Jesús Martinez, El Médico de mi hij@, y reconozco que había algo de recelo en mí. Jesús es de dar mucha caña, y su espécimen preferido son las madres - y si son blogueras... se recrea aún más - y yo estoy ya para pocos trotes... 

Empecé el libro pensando: ¡La vamos a tener! y me equivoqué. En dos "sentás" (dícese de sentadas o ratitos - traducción malagueño/castellano estándar), me lo bebí, porque es un libro ameno y muy fácil de leer.  

Pero la gran virtud de El médico de mi hij@ es que trata de erradicar uno de los grandes males de las madres: el miedo, del que tanto he hablado en este blog. Habría dado muchas cosas por tener este libro, y parte de la información y la experiencia que tengo ahora, cuando fui madre por primera vez. Me habría ahorrado muchas angustias y desvelos. 

Pero en descarga de las madres y como reivindicación de nosotras frente al mismo Jesús, he de decir que muchas veces no nos lo ponen fácil. Las madres, las suegras, las tías políticas, y los mismos pediatras, nos llenan la cabeza con mil y una historias que nos complica la vida y nos asustan, sin razón alguna. Como ejemplo os contaré que estuvimos llevando a revisión a nuestro hijo cada 6 meses porque estaba en el percentil 3... y quien me conozca puede pensar de mi muchas cosas, pero que soy alta no (y mi santo esposo tampoco)... Oye, que agradezco a la pediatra su dedicación y el control que le hizo a mi hijo, pero nos tenía acojonados y no parábamos de pesar y medir al muchacho, que casi 6 años después sigue igual de tirillas que siempre y más sano que una manzana. 

En fin... que madres (padres) y pediatras estamos condenados a entendernos y este libro es un excelente principio para ello. Para mi es de lectura obligatoria para progenitores, pero también para pediatras, ya que da claves interesantes para ayudar a los padres a sentirse más confiados a la hora de criar a nuestros hijos. 

Jesús, ya te lo he dicho, sólo por este libro te perdono por la caña que nos das, es un gran trabajo que puede ayudar a muchos padres, pero recuerda: Los mocos de mi hijo son mi universo :-)